viernes, 13 de marzo de 2015

Muere Terry Prattchet, el viejo mago. 12 de marzo de 2015

Sin duda, hoy es un día triste para la la literatura. Lo sabíamos, lo esperábamos y, aún así, el dolor no es menor. Terry Prattchet nos deja un hermoso legado que no debería caer en el olvido, muy a pesar de quienes consideren su escritura como literatura menor o paraliteratura. A lo largo de mi tesis, del estudio de la obra de este fabuloso autor, he llegado a apreciar no solo al artista, sino al hombre que se encuentra detrás de cada mirada distinta, de cada disparatada propuesta, de cada inesperada reflexión. El desenfado irónico ante la vida, la sosegada crítica moral, la empatía como punto de partida para conocer al otro describen al autor y al hombre. Se nos ha ido el viejo mago, pero nos deja un fantástico legado que hechizará a generaciones. ¡Ankh-Morpork tiene, desde hoy, un nuevo archicanciller!

lunes, 26 de enero de 2015

El sobrino del mago de C. S. Lewis

Autor: Lewis, Clive Staples 
Título: El sobrino del mago
Título original: The magican's nephew
Ilustrador: Pauline Baynes
Traductor: Gemma Gallart
Serie: Las Crónicas de Narnia
Año de la edición original: 1955
Año de la edición española: 2005
Editorial: Círculo de Lectores
ISBN: 978-84-08-05702-4


Con este penúltimo y primer relato, C. S. Lewis cierra las Crónicas de Narnia llevándonos al nacimiento del fabulosos reino de Aslan. A quienes conozcan a este autor, no les asombrara si empezamos diciendo que esta narración hace una revisión del libro del Génesis llevándonos a un paraíso donde, ya no el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, sino el Árbol de la Vida, del que Dios aleja a Adan y Eva para que no sean semejantes a dioses, explica la irrupción del mal en el mundo de Narnia:

—Vaya, entiendo —dijo Polly—. Y supongo que puesto que la tomó de un modo indebido no funcionará con ella. Quiero decir que no hará que sea siempre joven y todo eso, ¿verdad?
—¡Ay! —suspiró Aslan, sacudiendo la cabeza—. Sí lo hará. Las cosas siempre actúan de acuerdo con su naturaleza. Ha obtenido lo que más deseaba; posee energía inagotable e infinitos días de vida, como una diosa. Pero una vida larga con un corazón malvado no es otra cosa que un sufrimiento interminable y ya empieza a darse cuenta de ello. Todos obtienen lo que desean; no a todos les gusta.

En general, la narración nos parece apresurada, casi como si Lewis estuviera llevando a cabo una labor autoimpuesta... como si necesitara dar explicación del porqué y, al mismo tiempo, cerrar la obra definitivamente. En este sentido, la novela está constituida por una serie de saltos entre mundos que, aunque dan respuesta de los elementos centrales de la obra, no permiten una plena inserción en la fantasía, ya que los momentos álgidos del relato tienen apenas desarrollo, dando la impresión al lector de que se halla ante una imagen estática. No obstante, lejos de moralinas y adoctrinamientos, hay un algo entrañable en la obra, una calidez en la voz del narrador que sintoniza a la perfección con el lector infantil.
A los que os guste profundizar en los elementos del género, os propongo la lectura en paralelo de los primeros capítulos de la obra de Pratchett El país del fin del mundo, ya que algunos motivos utilizados por este autor os harán soltar un ¡ajá!.

domingo, 18 de enero de 2015

El Bastón Rúnico de Michael Moorcock

No creemos que haya un solo aficionado a la Narrativa Fantástica que desconozca a este maestro del género en su vertiente de "Espada y Hechicería". Y, mucho menos, que ninguno de los que hayan recabado en uno u otro personaje hayan terminado intentando conocer todos los relatos sobre el Campeón Eterno. Como todos sabéis, Dorian Hawkmoon es una de sus múltiples encarnaciones, esta vez, en nuestro propio mundo. Por esta última razón, os propongo el siguiente debate: ¿estas novelas estarían dentro de la Narrativa Fantástica o serían un relato ucrónico?

Inicios de la Narrativa Fantástica: The Princess and the Goblin

Autor: MacDonald, George
Título: La princesa y los trasgos
Título original: The Princess and the Goblin
Ilustrador: Pablo Álvarez de Toledo
Traductor: Carmen Martín Gaite
Serie: Novela Independiente
Año de la edición original: 1871
Año de la edición española: 1995
Editorial: Siruela
ISBN: 978-84-7844-265-2

A caballo entre el las fairy tales y la Narrativa Fantástica, George MacDonald desarrolla un amable relato que tiene como protagonistas a una pequeña princesa y un joven minero. El sencillo argumento no desmerece esta obra que pueden leer tanto los más pequeños como los mayores que aún posean la mirada de la infancia -no por nada afirmaba MacDonald "yo no escribo para niños, sino para todos aquellos que son como niños, ya tengan cinco, cincuenta o setenta y cinco años"-. Proponemos, en esta ocasión, a aquellos que dominen la lengua inglesa o que la estén estudiando a un nivel B1 su lectura en el original inglés, ya que este no presenta grandes dificultades ni en su sintaxis ni en su vocabulario. Los que, como yo, sigáis confiando en la inestimable labor de los traductores podéis leer la magnífica traducción que de la novela hizo Carmen Martín Gaite para la editorial Siruela, cuya ficha es la que dejamos reflejada en esta entrada.
La princesa y los trasgos, que tiene su secuela en La princesa y Curdie (1883), nos lleva a una pequeña aldea presidida por una especie de fortaleza, "mitad granja, mitad castillo", que sufre la amenaza de unos seres que viven bajo la montaña cercana a esta. El rey ha dejado a su pequeña hija Irene en este lugar, bajo los cuidados de un ama de cría, Lootie, debido -según nos indica el narrador en las primeras páginas- a la precaria salud de la madre de la pequeña. La norma principal que no debe romperse es mantener a la princesa dentro del castillo siempre que no reine la luz del Sol. Por supuesto, la regla será rota con lo que se iniciará un trepidante relato que unirá los destinos de Irene y Curdie para enfrentarles a unos curiosos antagonistas.
Los que hayan leído El Hobbit encontrarán el germen de los trolls, los trasgos e incluso del Gollum tolkienianos en las páginas de esta obra. Su descripción de como los seres fantásticos llegan a ser lo que son -no quiero hacer spoilers- les sacará una sonrisa; las canciones de Curdie les traerá ecos de aquellas otras que cantaran los trasgos a los enanos y a Bilbo que, subidos a un árbol, trataban de escapar de estos; algunas situaciones al episodio de los trolls.
Pero MacDonald tiene un valor intrínseco más allá de ser uno de los precursores del nuevo género. Su acertado uso de un narrador que conecta directamente con el lector, la escritura empática que acerca a unos y a otros personajes, su gran capacidad descriptiva, nos sumerge en lo fantástico de forma plena y nos engancha a una lectura entretenida e interesante.
Nos encontramos, pues, ante un buen ejemplo de cómo se rompe la estructura del cuento tradicional para llevar al lector infantil a otros lugares de la literatura que exigen una mayor atención por parte de estos. ¡No os lo perdáis!

Epílogo: ¡Sí, hay una película!, pero no recoge ni por asomo la atmósfera y esencia del original.

jueves, 8 de enero de 2015

Inicios de la Narrativa Fantástica: La Serpiente Uróboros

Autor: Eddison, Eric Rücker
Título: La Serpiente Uróboros
Título original: The Worm Ouroboros
Ilustradores: Xavier Martínez (Diseño de la cubierta) y Keith Henderson (Ilustraciones interiores)
Traductor: Alejandro Pareja Rodríguez
Introducción a la edición española: Alberto Santos Castillo
Prólogo: Douglas E. Winter
Introducción a la edición anglosajona: Paul Edmund Thomas
Año de la edición original: 1922
Año de la edición española: 2000
Editorial: Círculo de Lectores
ISBN: 978-84-226-7949-3

La Serpiente Uróboros es uno de esos primeros ejemplos de Narrativa Fantástica al que se podría poner el reduccionista membrete de "Espada y Hechicería". Cierto es que, antes que Eddison, Edgar Rice Burroughs nos había llevado a Marte para vivir una historia de héroes y princesas, pero lo que es aventura en Burrouhgs se convierte en épica en Eddison. Nos atrevemos a decir que, en este sentido, La Serpiente Uróboros es uno de esos textos que rehabilitan un género cuyo último estertor sería La Araucana  (1569, 1578 y 1589) de Alonso de Ercilla, eso sí, en clave fantástica.
Antes de esta novela de Eddison, tenemos ejemplos de obras que tienen como modelo la novela de caballería y la bizantina, como Historia de la Llanura Esplendente (1890) de Willian Morris, pero, en este texto de Eddison, lo que despierta el interés y sorprende, por la distancia temporal, son los ecos homéricos que recorren cada una de las líneas de su obra. Más allá de la dependencia de las sagas islandesas, en Eddison encontramos un claro intento de imitación del poema homérico, ya no solo en la caracterización del héroe y la hazaña, sino en la propia sintaxis que en ocasiones imita con maestría las comparaciones y adjetivaciones de la Ilíada y la Odisea (“su navío de afilada proa”, “la caída del rey Gorice XI, de gloriosa memoria”, son buenos ejemplos de esto).
Mas, lo que constituye un elemento estimable y apreciable desde un punto de vista filológico, puede suponer un escollo para el lector acostumbrado a las técnicas de la narrativa moderna. En este sentido, buscando opiniones sobre el libro en distintos foros de lectores no especializados hemos encontrado una bastante consensuada: la escritura de Eddison acusa un barroquismo que puede hacerse pesado. Esta crítica no es del todo desacertada, ya que la escritura de este autor es muy recargada, perdiéndose, en ocasiones, en la descripción de detalles superfluos, lo cual interrumpe el ritmo del relato y puede resultar cargante para algunos lectores. En otras ocasiones, se alargan demasiado acciones que no dan tanto de sí. Con todo, esta novela conseguirá enganchar al lector que sea capaz de superar estos escollos: ¡no por nada Tolkien alabó y admitió como influencia a este escritor! -Cierto es que también le criticó el gusto a la hora de elegir nombres-.
Como dato positivo cabe señalar que el universo ficcional presentado por el autor es bastante consistente. Al igual que el mencionado Burrouhgs, Eddison opta por llevarnos a un planeta del sistema solar: esta vez Mercurio. Pero, una vez en este, nos encontramos con que muchos de los elementos fantásticos están directamente extraídos de la mitología clásica y de las sagas islandesas (al contrario que Burroughs que transforma los elementos haciéndolos propios), de manera tal que incluso los dioses del mundo creado por el autor son denominados con sus nombres clásicos o con sus apelativos: “ni Febo Apolo, ni la casta cazadora, ni la misma reina nacida de la espuma” (es decir, Artemisa y Afrodita), dan buen ejemplo de esto.
Por otro lado, lo fantástico se centra casi con exclusividad en la hechicería, que actúa como detonante de todo el relato, y en los lugares que debe conquistar el héroe. No obstante, aparecen seres fantásticos característicos del género, la mayoría extraídos también de la mitología clásica, como los hipogrifos, y otros de la persa, como las mantícoras, que en la mitología clásica reciben el nombre de quimeras. Resulta curioso que las razas fantásticas, como los trasgos y los goblins, sean caracterizadas como seres humanos corrientes, las cuales, si poseen otro tipo de atributos que las distingan, nos es desconocido ya que Eddison no los señala. Todo lo cual nos lleva a concluir que, sin duda, lo importante en Eddison es la gesta que aspira a imitar la grandeza de las proezas llevadas a cabo por los héroes consolidados de la mitología clásica e islandesa. El resto de elementos está al servicio de esta. Tanto es así, que el relato desemboca en una anábasis infernal, del corte de las catábasis llevadas a cabo por Heracles u Odiseo. 
Continuar desentrañando el resto de elementos es ahora tarea vuestra. A nosotros, el relato nos ha remitido a autores posteriores como Howard o Moorcock y la atmósfera recreada nos ha trasportado, en algunas ocasiones, a ciertos relatos del círculo de Lovecraft. En este sentido, la lectura de Eddison se convierte en un requisito para aquellos que quiera bucear en los orígenes de la Narrativa Fantástica.