jueves, 8 de enero de 2015

Inicios de la Narrativa Fantástica: La Serpiente Uróboros

Autor: Eddison, Eric Rücker
Título: La Serpiente Uróboros
Título original: The Worm Ouroboros
Ilustradores: Xavier Martínez (Diseño de la cubierta) y Keith Henderson (Ilustraciones interiores)
Traductor: Alejandro Pareja Rodríguez
Introducción a la edición española: Alberto Santos Castillo
Prólogo: Douglas E. Winter
Introducción a la edición anglosajona: Paul Edmund Thomas
Año de la edición original: 1922
Año de la edición española: 2000
Editorial: Círculo de Lectores
ISBN: 978-84-226-7949-3

La Serpiente Uróboros es uno de esos primeros ejemplos de Narrativa Fantástica al que se podría poner el reduccionista membrete de "Espada y Hechicería". Cierto es que, antes que Eddison, Edgar Rice Burroughs nos había llevado a Marte para vivir una historia de héroes y princesas, pero lo que es aventura en Burrouhgs se convierte en épica en Eddison. Nos atrevemos a decir que, en este sentido, La Serpiente Uróboros es uno de esos textos que rehabilitan un género cuyo último estertor sería La Araucana  (1569, 1578 y 1589) de Alonso de Ercilla, eso sí, en clave fantástica.
Antes de esta novela de Eddison, tenemos ejemplos de obras que tienen como modelo la novela de caballería y la bizantina, como Historia de la Llanura Esplendente (1890) de Willian Morris, pero, en este texto de Eddison, lo que despierta el interés y sorprende, por la distancia temporal, son los ecos homéricos que recorren cada una de las líneas de su obra. Más allá de la dependencia de las sagas islandesas, en Eddison encontramos un claro intento de imitación del poema homérico, ya no solo en la caracterización del héroe y la hazaña, sino en la propia sintaxis que en ocasiones imita con maestría las comparaciones y adjetivaciones de la Ilíada y la Odisea (“su navío de afilada proa”, “la caída del rey Gorice XI, de gloriosa memoria”, son buenos ejemplos de esto).
Mas, lo que constituye un elemento estimable y apreciable desde un punto de vista filológico, puede suponer un escollo para el lector acostumbrado a las técnicas de la narrativa moderna. En este sentido, buscando opiniones sobre el libro en distintos foros de lectores no especializados hemos encontrado una bastante consensuada: la escritura de Eddison acusa un barroquismo que puede hacerse pesado. Esta crítica no es del todo desacertada, ya que la escritura de este autor es muy recargada, perdiéndose, en ocasiones, en la descripción de detalles superfluos, lo cual interrumpe el ritmo del relato y puede resultar cargante para algunos lectores. En otras ocasiones, se alargan demasiado acciones que no dan tanto de sí. Con todo, esta novela conseguirá enganchar al lector que sea capaz de superar estos escollos: ¡no por nada Tolkien alabó y admitió como influencia a este escritor! -Cierto es que también le criticó el gusto a la hora de elegir nombres-.
Como dato positivo cabe señalar que el universo ficcional presentado por el autor es bastante consistente. Al igual que el mencionado Burrouhgs, Eddison opta por llevarnos a un planeta del sistema solar: esta vez Mercurio. Pero, una vez en este, nos encontramos con que muchos de los elementos fantásticos están directamente extraídos de la mitología clásica y de las sagas islandesas (al contrario que Burroughs que transforma los elementos haciéndolos propios), de manera tal que incluso los dioses del mundo creado por el autor son denominados con sus nombres clásicos o con sus apelativos: “ni Febo Apolo, ni la casta cazadora, ni la misma reina nacida de la espuma” (es decir, Artemisa y Afrodita), dan buen ejemplo de esto.
Por otro lado, lo fantástico se centra casi con exclusividad en la hechicería, que actúa como detonante de todo el relato, y en los lugares que debe conquistar el héroe. No obstante, aparecen seres fantásticos característicos del género, la mayoría extraídos también de la mitología clásica, como los hipogrifos, y otros de la persa, como las mantícoras, que en la mitología clásica reciben el nombre de quimeras. Resulta curioso que las razas fantásticas, como los trasgos y los goblins, sean caracterizadas como seres humanos corrientes, las cuales, si poseen otro tipo de atributos que las distingan, nos es desconocido ya que Eddison no los señala. Todo lo cual nos lleva a concluir que, sin duda, lo importante en Eddison es la gesta que aspira a imitar la grandeza de las proezas llevadas a cabo por los héroes consolidados de la mitología clásica e islandesa. El resto de elementos está al servicio de esta. Tanto es así, que el relato desemboca en una anábasis infernal, del corte de las catábasis llevadas a cabo por Heracles u Odiseo. 
Continuar desentrañando el resto de elementos es ahora tarea vuestra. A nosotros, el relato nos ha remitido a autores posteriores como Howard o Moorcock y la atmósfera recreada nos ha trasportado, en algunas ocasiones, a ciertos relatos del círculo de Lovecraft. En este sentido, la lectura de Eddison se convierte en un requisito para aquellos que quiera bucear en los orígenes de la Narrativa Fantástica. 

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