domingo, 18 de enero de 2015

Inicios de la Narrativa Fantástica: The Princess and the Goblin

Autor: MacDonald, George
Título: La princesa y los trasgos
Título original: The Princess and the Goblin
Ilustrador: Pablo Álvarez de Toledo
Traductor: Carmen Martín Gaite
Serie: Novela Independiente
Año de la edición original: 1871
Año de la edición española: 1995
Editorial: Siruela
ISBN: 978-84-7844-265-2

A caballo entre el las fairy tales y la Narrativa Fantástica, George MacDonald desarrolla un amable relato que tiene como protagonistas a una pequeña princesa y un joven minero. El sencillo argumento no desmerece esta obra que pueden leer tanto los más pequeños como los mayores que aún posean la mirada de la infancia -no por nada afirmaba MacDonald "yo no escribo para niños, sino para todos aquellos que son como niños, ya tengan cinco, cincuenta o setenta y cinco años"-. Proponemos, en esta ocasión, a aquellos que dominen la lengua inglesa o que la estén estudiando a un nivel B1 su lectura en el original inglés, ya que este no presenta grandes dificultades ni en su sintaxis ni en su vocabulario. Los que, como yo, sigáis confiando en la inestimable labor de los traductores podéis leer la magnífica traducción que de la novela hizo Carmen Martín Gaite para la editorial Siruela, cuya ficha es la que dejamos reflejada en esta entrada.
La princesa y los trasgos, que tiene su secuela en La princesa y Curdie (1883), nos lleva a una pequeña aldea presidida por una especie de fortaleza, "mitad granja, mitad castillo", que sufre la amenaza de unos seres que viven bajo la montaña cercana a esta. El rey ha dejado a su pequeña hija Irene en este lugar, bajo los cuidados de un ama de cría, Lootie, debido -según nos indica el narrador en las primeras páginas- a la precaria salud de la madre de la pequeña. La norma principal que no debe romperse es mantener a la princesa dentro del castillo siempre que no reine la luz del Sol. Por supuesto, la regla será rota con lo que se iniciará un trepidante relato que unirá los destinos de Irene y Curdie para enfrentarles a unos curiosos antagonistas.
Los que hayan leído El Hobbit encontrarán el germen de los trolls, los trasgos e incluso del Gollum tolkienianos en las páginas de esta obra. Su descripción de como los seres fantásticos llegan a ser lo que son -no quiero hacer spoilers- les sacará una sonrisa; las canciones de Curdie les traerá ecos de aquellas otras que cantaran los trasgos a los enanos y a Bilbo que, subidos a un árbol, trataban de escapar de estos; algunas situaciones al episodio de los trolls.
Pero MacDonald tiene un valor intrínseco más allá de ser uno de los precursores del nuevo género. Su acertado uso de un narrador que conecta directamente con el lector, la escritura empática que acerca a unos y a otros personajes, su gran capacidad descriptiva, nos sumerge en lo fantástico de forma plena y nos engancha a una lectura entretenida e interesante.
Nos encontramos, pues, ante un buen ejemplo de cómo se rompe la estructura del cuento tradicional para llevar al lector infantil a otros lugares de la literatura que exigen una mayor atención por parte de estos. ¡No os lo perdáis!

Epílogo: ¡Sí, hay una película!, pero no recoge ni por asomo la atmósfera y esencia del original.

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